Poesía de trinchera (brigada de incineración)


Cada vez que encuentro
un hombre
con el corazón cerrado,
cojo la pala y el pico,
cavo un enorme agujero,
y lo entierro en mi jardín.
Qué linda tiene la yedra,
se sorprenden los vecinos
y el cartero,
las chicas
y hasta los perros
en septiembre y en abril.
La vida es una secuela.
No te olvides
del espejo de los hombres
que te llegan:
su corazón oxidado
es un reflejo del tuyo.
El despojo de sus cuerpos
son abono de tu higuera.
Enterrándolos a ellos
estás encontrándote a ti.

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