Como al perro las pulgas

Yo perdono:
A la madre que servía la comida
primero al hijo varón.
A la abuela que me convencía
de que aguantar
era la base de una pareja.
Al padre que me hacía volver 
antes a casa solo por ser chica.
Al vecino con barba que me decía marimacho
por llevar siempre pantalón.
A la tía que,
cuando saltaba del columpio más alto,
me premiaba llamándome machota.
Al adulto
que me ofrecía dinero a cambio
de un beso en la mejilla.
Al vestido rosa, 
al "calladita estás más guapa",
al "se te va a pasar el arroz",
al "que lengua tan larga tienes",
al "llevas la falda muy corta",
al "es más bruta que un muchacho",
al "cuanto más dócil mejor".
No cedo ni olvido.
Me sacudo sentencias como un perro las pulgas.
En el saco de mis culpas nace el brote del perdón.

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