Todo azul (como un hombre)

Tumbada en esta cama puedo verlo todo azul. Junto a la puerta que comunica con el pasillo hay ropa colgada en una barra de madera. Hay un vestido que mira hacia mí. Es de pana marrón, corto y sin mangas, y tiene una flor amarilla en el centro. Es el típico vestido para acompañar unas botas verdes. En mi mundo los vestidos acompañan a las botas y no al revés. Los demás vestidos no me miran, están colocados unos tras otros y tan solo puedo ver sus costados. Estoy tumbada en la cama acompañada de vestidos, un cuadro falso de Picasso, una ventana mediana, una puerta de mentira y otra que da al pasillo, una bicicleta, una señora con un perro, velas, una ventana minúscula, un dibujo, tres tonos diferentes de azul y una bicicleta vieja. Parece increíble, pero ahí fuera hay un barco gigante. Cuando se marchan en la noche los barcos hacen tanto ruido que no se puede dormir.
Estoy tumbada en una cama muy grande porque son dos camas pequeñas juntas. La cama es toda blanca y no me gusta, porque rodeada de azul parece el pastel de un bautizo. La parte de la derecha es cómoda y silenciosa, mientras que la parte izquierda hace ruido. Es porque la cama de la izquierda debe ser muy vieja, pero nadie se da cuenta porque juntas parecen una cama de verdad. El suelo no puedo verlo, aunque imagino que será marrón, como casi todos los suelos de las casas. Suelo en portugués se dice «chão». Decir «chão» en portugués es bastante difícil, porque hay que utilizar la nariz. No estoy tumbada en esta cama grande para descansar, sino para masturbarme.

Afuera hace mucho calor y este cuarto es un cuarto fresco. Cuando estoy tumbada en la cama, incluso cuando voy a dormir, es el único momento en que utilizo bragas. Las braguitas en casa me dan seguridad, me resultan familiares, me acompañan, mientras que las bragas en la calle, bajo la ropa, me molestan y me hacen daño. La ropa interior debería llamarse así para ser usada solo en el interior de las casas, como los muebles, las lámparas y los hornos eléctricos. Cuando estoy tumbada en la cama llevo una camiseta de tirantes con unas braguitas de algodón blancas.
Me masturbo imaginando que me estoy haciendo el amor. No sé exactamente quién soy, y tampoco me importa. Lo importante es que la mujer a la que le hago el amor soy también yo. Por tanto debe haber dos yoes, el yo que soy un hombre y el yo que soy la mujer. Nunca he sabido cuál es más de verdad, pero el placer deriva del yo hombre dentro del yo mujer y de cómo el yo hombre puede verlo todo desde arriba. El yo hombre es masculino y grande. El yo mujer es pequeño y frágil. El yo hombre tiene suerte porque concibe el sexo como entrar en. El yo mujer también tiene suerte, pero concibe el sexo como ser penetrada por. El verdadero placer me lo proporciona el yo hombre. El yo mujer me sirve para disfrutar plenamente al entrar en alguien. Masturbarme es la única ocasión en que puedo entrar dentro de. Acaricio el sexo de mi yo hombre y eso me excita considerablemente. El yo hombre admira al yo mujer, si no le sería imposible excitarse. El yo mujer está desnudo y tumbado en una cama grande. Cuando el yo hombre entra en el yo mujer siente un dolor confortable de los pies a la cabeza. Cuando el yo mujer es penetrado por el yo hombre siente placer en el estómago y en las caderas. El yo hombre se mueve dentro de. El yo mujer tiene unos pechos firmes y redondos. El yo mujer soy tanto yo que en ese punto me olvido de ella y solo consigo ser mi yo hombre. Entro y salgo de mí mientras mantengo los ojos abiertos para observarme mejor. Soy suave y pequeña como las muñecas de las niñas y mi pelo cae sobre las sábanas. Entonces necesito sentirme más adentro de ese cuerpo pequeño y lo giro para situarme detrás de él. Ahora solo puedo ver la espalda de mi cuerpo pequeño, mientras no dejo de moverme dentro de él. Entro y salgo arrodillado y puedo verlo todo desde fuera. Con la mano derecha acaricio los pechos del cuerpo pequeño y suave, los agarro como frutas maduras y pellizco los pezones duros tan fuerte que tengo miedo de causar dolor. El cuerpo pequeño no se queja, gime y gime tan alto que nuestros gemidos se confunden. Entro y salgo de mi propio cuerpo cada vez con más intensidad, abro una puerta tras otra, las derrumbo a patadas, veo luz y ventanas y más puertas, mientras que el cuerpo pequeño ve cadáveres y ahorcados a causa del placer. En breve voy a derrumbarme y me agarro a las cuerdas que son el cabello del cuerpo pequeño, amo a ese cuerpo y siento cómo la excitación llega a su punto más alto. El cuerpo pequeño es mío, tan mío que voy a explotar de placer, soy el dueño de ese cuerpo, un cuerpo pequeño y suave penetrado por esto que soy yo. Aprieto con fuerza y más fuerza sus pezones hasta que siento que llega el final, o el principio: ese preciso punto donde estallo en mil pedazos, derrumbado sobre la espalda suave del cuerpo pequeño, que ha perdido su nombre, su aliento y su voz.
Soy un hombre desnudo haciéndole el amor a este pasado que soy yo. Debe ser por eso que veo cadáveres y amantes. Deben ser por eso los ahorcados. Qué habilidad la mía, la de hacer el amor con los muertos.

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