Auspicium orbis

Estuve pensando
en ir a vivir contigo
pero no quería
erosionar
la chispa
del café con leche
a solas,
ni transitar
el pecado prohibido
del sexo
como juego habitual.
Me dio repelús
la siesta
tú y yo en silencio,
la distancia en la mesa,
las facturas conjuntas,
el bidé,
la nevera,
la mirada perdida,
el polo norte del sofá.
Me acobardó
la rutina,
la desgana,
la mañana,
la propina
de un polvo
a la semana
sin voluntad.
Fui cobarde y me quedé conmigo.
Fui valiente y te dejé marchar.

Mar adentro

El abismo estaba
ahí dentro.
Por eso, cuando
nos obligaron
a confinarnos
en cuatro paredes,
nos hundieron.
No había más bar
que la cabeza
ni más droga
que el pensamiento.
Lejos quedaban las reuniones
sin sentido,
las conversaciones vacías,
los polvos sin amor,
los excels pueriles,
los viajes en metro.
Sin gintonic,
sin tabaco
ni anestesias
sin madrid-barça,
sin perro,
temblábamos en un sofá
asomados al abismo
que llevamos por dentro.
 
*
*

Fotografía: Vanessa Miralles  –  #interiors

El ahora del ayer

Quería haberme quedado
acurrucada en el nido
como un ovillo de luz
donde no hay
duelo ni olvido.
Quería el olor del café
y la teta mañanera
y esa dulce sensación
de que no existía pasado
ni futuro,
ni después,
tan sólo ahora.
Ahora.
El ahora del ayer
era más fácil.
Plácido.
Era inocente como
un domingo sin sol,
como un chocolate caliente,
como el barquito chiquitito
perdido
en aquella canción.
El ahora de hoy es diferente
pero mamá está presente,
centinela contundente
velando a pie de cañón.
 

Confinamientos

confinamientos
He estado en confinamientos
peores,
Algunos dentro de mi cabeza
en pleno mes de agosto,
otros encerrada
en los brazos del olvido
o abocada a resistir
malquerida,
malparida,
malherida,
malpensante.
He estado en confinamientos
peores,
en guerras paralelas,
en batallas interiores
imposibles de ganar
porque la enemiga era
yo esposa,
yo hija,
yo hermana,
yo señora,
yo madre.
He estado en agujeros más
negros,
en pozos más oscuros
donde ni siquiera podía moverme,
he sentido el barro en mis pies
y el fuego en mi cabeza.
He estado mil veces
a punto de caer,
de claudicar ante
el mal de vida,
el mal del cuerpo,
el mal del alma
el mar de amores.
Siempre en la cuerda floja,
siempre en el borde.
He estado en confinamientos
peores.
*
Fotografía: Vanessa Miralles.

El estanque dorado

dia de la poesía
(…) Y la gente se quedó en casa
juzgando al vecino,
criticando al prójimo,
odiando a los perros,
sintiéndose fervientemente
solidaria
porque esta vez la tragedia
había atacado al hombre blanco
occidental.
Y siguieron dando la espalda
al mar,
y a la calle,
y a los muertos de los otros,
y a las pandemias
de continentes lejanos
como siempre habían hecho.
Y allí, desde sus salones
desinfectados de virus
y de humildad,
se sintieron hermanos
y peces del mismo banco,
y aplaudían sin cesar
desde el estanque dorado
y ficticio
que incluía sólo a unos cuantos.
Y poco más.
*
*Poema escrito en alguna reencarnación que tuve en una pandemia, allá por el año 1700 AC.

Amor sin domesticar

Llevo clavada en mi pecho
tu adolescencia,
como cuando un imperdible
de flores
se confunde en la solapa
y pincha con solemnidad.
Mi niña lejana
piensa
que mi condescendencia
contigo
es un lunes en derribo
o un pañuelo sin planchar.
Me derrota la impaciencia
de poder cambiar de sitio,
de dar lugar al delirio,
de asumir no recordar
aquellos tiempos sagrados
de tetas,
besos
y brazos,
de hastío,
colecho
y cantos,
de juegos con rumbo exacto,
de amor sin domesticar.
 
*
Imagen: Maria Molsosa Fabres

Picardía doméstica

PIERNAS.jpeg 2
Bajo tu mesa mis piernas
brotaban
como girasoles que se ruborizan
ante el sol.
Brotaban mis piernas,
chiquillo,
¿recuerdas?
Eran como las ramas
al viento,
como los cuernos
del caracol
que suben
y bajan,
que entran
y salen
al antojo de día,
al ritmo del calor.
Así brotaban mis piernas
irreverentes,
libidinosas,
sensuales,
pecaminosas
e insolentemente
eróticas
cuando las regabas con tu
sexo y con tu amor.
*
Imagen: Vanessa Miralles.

Nada que discutir

Dejen de tratar la
homosexualidad como si fuera
un asunto a debatir.
No hay apetencia sexual
inadmisible si dos partes
la quieren.
La vergüenza es un mal común
inyectado por la Iglesia.
La culpa es un abismo negro
sin más ton ni son
que ejercer poder sobre la conciencia.
Tu cuerpo es tuyo.
Tu alma es tuya.
Tus juegos son tuyos.
Tu deseo es tuyo.
Tu amor y tu sexualidad
son tuyos.
Compártelos con quien quieras.
Las escuelas están llenas de criaturas
que necesitan conocer la geografía
de su propio cuerpo,
la historia que hable del respeto,
el álgebra que haga números
con las historias de miedo,
la lengua que les anime a existir.
La homosexualidad no es un derecho
ni una tendencia
ni un falso techo:
no hay nada que discutir.

Balada del árbol caído

soni artur

Era un hombre herido
y con el corazón cerrado.
Lo hicimos juntos.
Fuimos al nido caliente
del amor y la ternura
donde se escondían
los monstruos
que habían amenazado
con arrancarle la piel.
Temblaba como una hoja
en el agua.
Yo lo acuné y le canté
canciones de abuelas
y de mujeres en círculo
junto a una hoguera.
Lo acaricié
como se acaricia al pájaro indefenso,
lo miré
como se mira al árbol caído
que quiere vivir.
Lo llené de besos,
busqué su boca cuando se escondía.
Lo amé desnudo
y con ropa,
con miedo y con valentía.
Lo desnudé y le mostré su herida.
Arranqué su corazón y lo bautizamos
con un nuevo nombre
que olía a futuro y no a pasado.
Bailamos, nos amamos,
dormimos,
y cuando despertamos
nos habíamos convertido en
YO y ÉL.

El hombre que se sostiene

no vengas

Ninguna mujer es responsable
de las cargas emocionales de un hombre,
no obstante:
Si hay confusión y oscuridad,
mejor que no venga.
Si arrastra mujeres amarradas a su espalda,
mejor que no venga.
Si no ha solucionado las cosas con mamá,
mejor que no venga.
Si nunca ha tenido treinta semanas de soledad,
mejor que no venga.
Si no se hace cargo de su propia energía,
mejor que no venga.
Si no le duele el pecho al ver a un animal llorar,
mejor que no venga.
Si tiene el corazón guardado en una armadura,
mejor que no venga.
Si necesita un harén para brillar,
mejor que no venga.
No somos centros de rehabilitación sentimental,
si no se sostiene a sí mismo
será mejor que no venga.

*

Pintura: Roberto Ferri. Italia, 1978.