La mirada del otro

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Estas éramos tú y yo,
niña,
bajo la atenta mirada
de otro.
Éramos tú, niña,
y yo, madre,
cuidando de ti
y de mi propia niña herida.
Nada era real tras el cristal
y los ojos del otro.
Todo era real al otro lado.
Entre el verde
y el vidrio
sólo quedamos tú y yo,
juntas, sostenidas
bajo un paraguas de amor
que nos protege
y nos abriga.
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Canción de ruina

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Yo me declaro
“asensible”
y un poco tonta.
No me atormenta
un museo
ni el humo de la catedral,
que son sólo piedras.
Ni el pedazo de suelo
a punto de separarse
y cambiar de himno,
que es sólo tierra.
Me duele el perrito
herido,
tirado en la carretera,
la vaca en el matadero.
el niño al que en el semáforo
su padre tira del brazo.
La maestra con ganas
de escuchar,
y no la dejan.
El chico vestido de rosa
que, avergonzado,
cambia de acera.
El grito del vecino,
la mujer que mira al suelo,
la niña que no se quiere,
la soledad de la vieja,
el amigo traicionado,
el amante malherido,
la que se obliga a ser bella,
el ahogado,
el triste,
la insensible,
el malvado,
el corazón maltrecho,
el abandonado,
los que escupen en la cara
a su prójimo
y no se avergüenzan.
*
Foto de Joseph Eid

Poesía submarina

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En las noches estrelladas
se me acaba la paciencia
como se acaban las bravas,
las latitas de almejas,
el KH7 o el coñac.
La puerta de nuestra
historia
ha echado el pestillo
sin que pillarnos los dedos
sea motivo suficiente
para dejarnos de amar.
Desalojados seamos
de nuestra insistencia,
de querer sabernos
juntos
sin compartir techo
ni gloria.
Bendita sea la decencia
de no ponernos un nombre
que acaricie la inocencia de este
tan raro amor.
Entre nosotros no hay
leyes
ni victoria,
sólo un abismo en presente
que retuerce la memoria,
que da luz a nuestra historia,
que resiste entre los dos.

Poesía doméstica

lavadora

Mira, te he estado esperando
pero me he cansado 
y me he ido.
Te dejo en el horno
el frío,
lo puedes recalentar,
tendidos tienes pañuelos
por si te conectas contigo
y te diera por llorar.
En la nevera hay verduras,
y el calor que no nos dimos,
no lo pude solventar,
salsa de soja te dejo
aunque tú eres más de carne
y yo siempre fui de seitán.
Me marcho, amor mío,
completa, alegre y dispuesta,
un poco triste,
te digo,
pero entera,
al fin y al cabo
porque nunca fui mitad.
Adiós, amor,
hasta siempre,
mi corazón impaciente
ha vuelto a centrifugar.

Altamar

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Te estoy soltando muy fuerte.
Corres como el perro sin collar
que tenía de pequeña,
libre,
ladrando en cada puerta
a la que quieres entrar.
Qué fuerte te estoy soltando,
sin apretar los dientes
te suelto con fuerza
para que puedas despegar
sin tierra firme,
para que en tu vuelo
encuentres la risa,
la esencia
y la verdad.
Me duelen las manos
de soltar tan fuerte,
me brillan los ojos al verte zarpar.
Qué fuerte te estoy soltando.
Serás como una manchita
en un museo,
pincelada de amor,
semilla de anhelo.
Seré manos abiertas,
cuerpo erguido,
mirada glacial.
Qué amor tan disparatado
el nuestro.
Yo soltándote fuerte,
tú volando en altamar.

*

Fotografía: Vanessa Miralles

Diálogo de besugos

No hay ninguna descripción de la foto disponible.
Tú hablabas como un besugo
y me preguntabas si estaba bien
porque los besugos
no saben de emociones
ni versos
ni se atreven a preguntar
cómo te sientes por dentro.
Yo me convertía en besuga
y respondía que sí
porque ya no me salían
las verdades
al pasar de mujer a pescado
en ese preciso momento.
El besugo y la besuga
están contentos,
nada duele,
nadie llora,
no se habla,
no se siente.
Besugo y besuga se van de la mano.
Silenciosos.
Felices.
Con el corazón helado.
Callando a los cuatro vientos.
*
Fotografía: Vanessa Miralles

Arrugas

CRIS 2

Tienes arrugas
porque te has reído mucho,
me dicen los guapos y
las guapas.
No, tengo arrugas porque
a los cuarenta y cinco
hay muchas probabilidades
de arrugarse
y de tener miedo,
de estriarse,
de enfriarse,
de rendirse,
de aburrirse,
de estresarse.
Y también están las otras,
todas las posibilidades
de divertirse
de levantarse,
de enamorarse,
de abrazarse,
de quererse
con todas las ganas
del mundo,
como si cada vez
que abres la boca
o das un paso
no hubiera nadie mirando,
o como si pensaras
que la gente
no tiene ojos
ni oídos ni juicio
ni voz.
Yo no tengo arrugas de risa,
yo tengo arrugas de amor.
*
Fotografía: Lia Aguilar