Como al perro las pulgas

Yo perdono:
A la madre que servía la comida
primero al hijo varón.
A la abuela que me convencía
de que aguantar
era la base de una pareja.
Al padre que me hacía volver 
antes a casa solo por ser chica.
Al vecino con barba que me decía marimacho
por llevar siempre pantalón.
A la tía que,
cuando saltaba del columpio más alto,
me premiaba llamándome machota.
Al adulto
que me ofrecía dinero a cambio
de un beso en la mejilla.
Al vestido rosa, 
al "calladita estás más guapa",
al "se te va a pasar el arroz",
al "que lengua tan larga tienes",
al "llevas la falda muy corta",
al "es más bruta que un muchacho",
al "cuanto más dócil mejor".
No cedo ni olvido.
Me sacudo sentencias como un perro las pulgas.
En el saco de mis culpas nace el brote del perdón.

Aprendices de ausencias

¿Qué se le dice a una madre
a la que se le ha muerto
un hijo?
¿Cómo la abrazas?
¿Desde qué ángulo la miras?
¿Cómo inclinas la cabeza
si es más alta que tú?
¿Cuál es la forma correcta
de agarrar sus manos, 
cuánto las aprietas?
¿Cómo entornas los ojos
al mirarla?
¿Con qué tono nombras
a su niño?
¿Cómo le acaricias el pelo?
¿Cuál es la distancia entre su voz 
y la tuya?
¿Cómo tocas su mejilla?
¿De qué color es el silencio
cuando las escuchas?
¿Qué forma tienen las palabras
si aciertan a brotar?
Dime,
¿en qué te conviertes ante
una mujer
a la que se le ha muerto un hijo?

Treces y creces

¿Recuerdas aquel día
de invierno
en que te construí un tobogán?
De oro y de luz,
acordamos, 
a modo de trampolín
para que pudieras saltar.
Si no te puedes dormir,
SALTA,
si quieres hablar de tu sombra,
SALTA,
si el monstruo vuelve a llamar,
SALTA,
si te confunde una voz,
SALTA,
si necesitas reír,
SALTA,
si no encuentras tu lugar,
SALTA,
si perdiste tu unicornio,
SALTA,
si el miedo se pasa de listo,
SALTA,
si no respetan tú NO,
SALTA,
si el frío te hace temblar,
SALTA,
Si contigo ni sin ti,
SALTA.
Te espero con brazos y alma
abiertos de par en par.
Somos tu tribu y tu calma.
Agarra fuerte esos trece
si necesitas saltar.
*
*
Magalí Germain Almagro.
Catorce de noviembre de 2020. 
❤️TRECE❤️.
Fotografía de Vanessa Miralles

Poesía de trinchera (brigada de incineración)


Cada vez que encuentro
un hombre
con el corazón cerrado,
cojo la pala y el pico,
cavo un enorme agujero,
y lo entierro en mi jardín.
Qué linda tiene la yedra,
se sorprenden los vecinos
y el cartero,
las chicas
y hasta los perros
en septiembre y en abril.
La vida es una secuela.
No te olvides
del espejo de los hombres
que te llegan:
su corazón oxidado
es un reflejo del tuyo.
El despojo de sus cuerpos
son abono de tu higuera.
Enterrándolos a ellos
estás encontrándote a ti.

Sororidad

La vergüenza de una mujer
abusada
no es suya.
La vergüenza de la madre
de una hija abusada
no es suya.
La vergüenza de una señora
a la que le tocan el culo
en el metro
no es suya.
La vergüenza de una niña
que siente unas rodillas
y una mano bajo sus bragas
no es suya.
La vergüenza de la joven
vejada en el asiento trasero
de un coche
no es suya.
Son las vergüenzas del patriarcado
buscando mochila ajena
donde descansar.
Preparen los fusiles,
apunten,
disparen,
fuego.
La mejor arma de nuestro ejército:
la sororidad.

Nido de duelos

NIDO DE DUELOS

La crianza es un nido
de duelos.
Duelo al verte perder el diente,
duelo de esa leche mía
que dejaste de tomar,
duelo inherente
a los puzzles facilitos
que acabamos de donar
Duelo del abrazo en público
perdido,
duelo de tus ganas de estar
con mamá,
duelo de baños,
duelo de bichos extraños
que adoptabas
sin reparos
para que durmieran
calentitos en el sofá.
Duelo de almohadas,
duelo de hadas,
duelo de sedas,
duelo de estrellas
pintadas sin terminar.
Duelo de soles,
duelo de amores,
duelo de infancia
sin nombre
que en una botella,
valiente y resuelta,
se atreve a cruzar
el mar.
*
*
Dibujo: Elena Sanfeliu Sabater.

Poesía de puchero

Me atravesó tu recuerdo
en el coche
como sólo saben atravesar
las grandezas más sublimes:
en silencio y a destiempo.
Pisas el embrague,
reduces a tercera,
y un recuerdo te atraviesa.
Remueves el guiso,
añades una pizca de sal,
y un recuerdo te atraviesa.
Te colocas las bragas,
ese elástico molesto,
y un recuerdo te atraviesa.
La lavadora, una planta,
el camión de la basura,
un simple gesto,
una manzana prohibida,
la mirada de un perro,
el olor del mar,
la cafetera vacía,
el ruido de la cisterna,
esa hermosa delgadez que exhibe
el hilo dental
tan parecida a tu cuerpo (…).
Me atravesó tu recuerdo,
bandido,
y no lo pude evitar
(ni quiero).

Coplilla de la indecisión

Siempre que meto la mano
en el saco del amor
sale la bolita errada.
El amor romántico me esquiva
y cuando nos encontramos
saltamos a la deriva
sin saber adonde vamos.
No hay rumbo en mi corazón.
Si permito un hombre en casa
al tercer o cuarto día
lo etiqueto de invasor.
Si pago las facturas
sola,
si sobra medio colchón
o si el silencio me agobia,
me apetece un buen vikingo
que me cocine salado
y me devore
a deshoras.
Veintinueves de febrero
quiero soltería y vuelos.
Años de sequía y bisiestos
quiero casa, hijos y boda.
En el bombo del olvido
y el sorteo del amor,
para tanta indecisión
no existe bola.
❤️
❤️
Fotografía de Jordi Toset,

Auspicium orbis

Estuve pensando
en ir a vivir contigo
pero no quería
erosionar
la chispa
del café con leche
a solas,
ni transitar
el pecado prohibido
del sexo
como juego habitual.
Me dio repelús
la siesta
tú y yo en silencio,
la distancia en la mesa,
las facturas conjuntas,
el bidé,
la nevera,
la mirada perdida,
el polo norte del sofá.
Me acobardó
la rutina,
la desgana,
la mañana,
la propina
de un polvo
a la semana
sin voluntad.
Fui cobarde y me quedé conmigo.
Fui valiente y te dejé marchar.